
Reseña:Psicoanalisis y empresa |
En el presente análisis de la obra de Jean Pierre Brueneau Psicoanálisis y
Empresa, 1cuyo objetivo central es el de aplicar la teoría
psicoanalítica para comprender los fenómenos subjetivos en la empresa, intento invitar al docente a rescatar
la subjetividad del alumno, como parte estructural de su desempeño académico. Los aspectos más
aparentemente objetivos de la vida universitaria de los sujetos tienen su origen en el entramado de
estructuras subjetivas, de ellas depende el significado que otorga el alumno a sus relaciones, sus intereses o
sus preferencias por determinados docentes, asignaturas o modalidades de aprobación de las materias que
cursa.
Esto es, la selección, el estudio o el desempeño de una profesión, tienen un sentido particular para
cada sujeto, pues los intereses, las fantasías, las expectativas tienen la característica de ser formaciones del
inconciente.
A lo largo del análisis, se hacen reflexiones en torno a este aspecto de concebir la elección de
carrera, el trabajo o las relaciones sociales, los éxitos y los fracasos devenidos de ellos, como modalidades de
expresión del inconciente, y esto es lo que privilegio a lo largo de la lectura de esta obra.
La obra de Bruneau permite una aproximación al estudio psicoanalítico de las organizaciones productivas, y
en este trabajo otorgo relevancia no sólo al aporte del psicoanálisis en la empresa, sino a su posible
incidencia en diversas instituciones, entre ellas la educativa. Esto resulta de interés para la formación de
administradores de cualquier tipo de institución, sobre todo si pensamos que al incorporarse al ámbito de
trabajo estos definirán un estilo de mando, mismo que es posible construir en sus estudios superiores,
abordando desde un principio, sus deseos, fantasías, imaginarios, etc., que determinarán su ingreso al
mercado de trabajo, y su desempeño como trabajadores.
Pierre Bruneau nos coloca en un lenguaje y una práctica poco acostumbradas en el ámbito de la
administración: La dimensión del ser, el análisis de la historia personal de los dirigentes cuyos vínculos
pasados determinan una forma de relacionarse con el éxito o el fracaso de sus proyectos; empresariales o de
vida. Su interés nace de las demandas de formación de personas relacionadas con el campo administrativo,
preocupadas por el desarrollo de la motivación en el personal o, en búsqueda de estrategias más duraderas
respecto del "manejo de personal", después de haber asistido a un sinnúmero de eventos donde
predominaban las recomendaciones estratégicas y sucumbían tal y como tomaban lugar en el discurso.
Bruneau, conciente de lo que significa llevar al psicoanálisis a un dominio donde se es escéptico a él,
esclarece, con pluma ligera, que las alternativas de trabajo o de solución a conflictos en una empresa,
dependen más de la personalidad2 que de las diversas estrategias
que se le propongan al sujeto.
Esto implica el análisis de las relaciones que sostiene con su empresa: El dinero, la autoridad, el
poder, el personal, la familia, etc. El autor apunta a algo más delicado que un simple estado de cuentas o las
estrategias más sofisticadas de desarrollo organizacional, llama la atención del lector hacia el plano de lo
irracional, lo inconsciente, lo subjetivo3, cuya influencia es
determinante en la toma de decisiones; rebasa así las propuestas de consultorías. Cede verdad y palabra, ya
no a las estrategias novedosas que proponen aumentar la producción o mejorar las relaciones en la empresa,
sino al directivo y a su personal. Otorga importancia a la subjetividad más que a la objetividad o a los
procesos donde quedan canceladas las personas. Ahora cede palabra y verdad a las personas para que nos
hablen de sus deseos.
El directivo, plantea Bruneau, desea cumplir en la empresa un propósito, no sólo profesional sino, y
sobre todo, personal. Esto determina su relación con aquellos a quien dirige y con los niveles de desarrollo
de la empresa4, es él quien tiene que decir de su empresa. Al
personal, le da la posibilidad de hablar sobre su lugar y sus propósitos en la empresa, le confiere potencia
para proponer y ser reconocido, en vez de quedar excluido de su trabajo al recibir un salario o cumplir un
horario determinado. Propone pues un "tránsito del jefe de empresa, objeto de un discurso, a un jefe de
empresa sujeto de su historia"5
Capítulo 1. Para comprender el psicoanálisis
El autor nos acerca de manera clara y esquemática a los conceptos del psicoanálisis que retomará
en su libro. Comienza por hacer al lector una exposición breve de dos de los principales exponentes del
psicoanálisis (Sigmund Freud y Jacques Lacan), en los que va a apoyar sus observaciones.
Coloca el descubrimiento freudiano al mismo nivel que las "heridas narcisistas" efectuadas por
Copérnico y Darwin, que ponen de relieve que el individuo no es, tal y como cree, el dueño de su destino o
de sus creaciones, reconociéndolo así como sujeto de su inconsciente.
El sujeto crea significantes6 que aparentemente
determinan su actualidad, pero en realidad ellos tienen que ver con los significados que él le ha conferido a
los objetos (signos), sean proyectos, bienes materiales, personas, etc., devenidos de la familia y la cultura7.
Bruneau critica la psicología de Anna Freud y toma distancia de ella, ya que no comparte el objetivo
de fortificar al "yo" para promover una mejor adaptación a una sociedad de consumo.
Siguiendo a Lacan, quien plantea que el sujeto puede existir sólo fuera de sí8, es decir, de imagen, ahí donde no piensa, se presta a la vida. Cierto que su discurso
habla de su existencia, pero ésta tiene que pesquisarse entre los significantes que habla o persigue y el
significado conferido a ellos. Siendo así, se oye el sentido de lo que se escucha manifiestamente.
La metáfora y la metonimia9, toman presencia como
procesos claves en el discurso y el desciframiento de su sentido.
Procede a introducir al lector a los tres registros de la existencia humana, planteados por Lacan: Lo
real, lo simbólico y lo imaginario. El primero da cuenta del estado del recién nacido, que al carecer de una
identidad, un lenguaje y un discurso propios, en un principio, no es más que la suma de órganos y miembros
dispersos que van a poder ser integrados en una imagen10 que le
conferirá otro. El otro es quien lo hará sentirse una unidad, tener forma, apropiarse de una identidad, en la
medida en que lo reconozca y le regrese una imagen menos caótica (como en el registro de lo real).
Intentar explicar el registro de lo imaginario, nos coloca en la necesidad de abordar uno de los
paradigmas más complejos de Lacan: El estadio del espejo. Paradigma que explica la constitución subjetiva
del ser humano y que, no en pocas ocasiones, ha sido malentendido por otros.
En este estadio, el niño salva su fragmentación (lo real) a través del otro, que le permite ilusionarse
con su propia imagen (lo imaginario); pero esto le cuesta la alienación de sí mismo en la imagen del otro, es
decir en la imagen que le designa el otro (regularmente la madre).
Lo simbólico aparece como una posibilidad de ser fuera del otro, fuera de la imagen alienada, fuera
de la alienación sufrida en el registro de lo imaginario. Lo simbólico supera a lo imaginario, ya que es
soporte de la ley que prohibe un goce inmediato en la imagen. Se opera un corte11, que instaura esta ley, de aquí se deriva el símbolo como la posibilidad de volver a
gozar, pero ahora de manera indirecta, a través de proyectos, aceptados incluso por la cultura. En este
terreno quedan los símbolos. La empresa entonces es un símbolo, el lugar que se hace un individuo en la
empresa también lo es. Ambos apuntan a la completud, en lo imaginario, del ser.
Bruneau termina su capítulo, abordando los conceptos de trauma, transferencia, libido y
sublimación. Estos están presentes en la creación y crecimiento (o conservación) de toda empresa, así como
en el sentido que tiene para un sujeto hacerse un lugar de éxito o fracaso en ella. Sobre todo si pensamos que
la elección del trabajo puede considerarse como una formación del inconciente, pues la elección encarna
fantasías, expectativas, intereses, es decir, imaginarios en los que el sujeto contempla el objeto de su
realización de deseo.
Capítulo 2. Hacerse un lugar en la empresa.
A partir del análisis de casos ejemplifica como se juega la persona en la empresa. El autor nos
aproxima a la importancia de la mirada en el reconocimiento de la propia imagen, mirada de los otros en un
primer momento, que al introyectarla el sujeto, se convierte en un fantasma que acompaña todos sus actos.
Es necesario entonces liberarse de la imagen de sí en estos términos: Enfrentar la mirada de los
otros y abrir la posibilidad de vivir con sus propios recursos (esto implica el paso a lo simbólico),
comprometerse a tomar distancia de los otros, arriesgarse a vivir, alejándose de la "aceptación -
persecución" continua de la demanda de otros, solo para cuidar la imagen frente a la mirada de ellos.
Hacerse un lugar en la empresa, dice, implica poner fronteras, responsabilizarse por los "no" (que
limitan la invasión del sí mismo), y los "quiero" que reclaman un espacio propio (no ya el delegado por
otros). Esto solo es posible, si se ha accedido a la ley del padre (castración de la imagen de completud) que
marca la distancia entre uno mismo y lo que esperan de uno.
Es imprescindible, entonces, tomar el poder para decir "no" y "quiero", para responsabilizarse de sí
mismo y de sus actos, para hacerse un lugar en la empresa forjándole un destino a ésta.
Bruneau, con acento sencillo, nos acerca a la importancia que el reconocimiento de los padres tiene
en los proyectos y empresas de los sujetos. Asimismo, esboza una diferenciación que es nodal y no casual:
Cómo es vivida la castración en cada sexo? Resalta la necesidad femenina de ser reconocida y amada así
como el temor masculino de "perderlo todo".
En la explicación, si bien escueta, también sustancial, de seis casos, deja claro, cómo el éxito o el
fracaso en una empresa puede estar configurado por los imaginarios (fantasmas, deseos, etc.) de cada sujeto,
y que su tendencia a colocarse como directivo, empresario o subordinado, tiene que ver con el placer, o el
disfrutar lo que se hace, por suerte de la imagen asimilada en la infancia.
Capítulo 3. Desarrollar su empresa.
Para Bruneau, el empresario crea una cultura de acuerdo a su propio registro simbólico, es decir, lo
que representa su empresa en y para la sociedad.
La empresa es concebida como un símbolo (donde se ven reunidas individualidades, porque en ella
se insertan, de alguna manera, los deseos de los individuos) y como tal cumple diversas funciones. Así el
autor, se da a la tarea de relacionar las funciones del símbolo, siguiendo a Chevalier, Levi Strauss, Adler y
Jung, afirma que el símbolo da un sentido a la existencia de hombres y mujeres, sustituye sus
preocupaciones, sublima sus carencias, unifica a los hombres, media espacios y funciones; tiene además una
función terapéutica, en donde el sujeto deja de contemplar su imagen alienada en otro, deja de perseguir la
realización del deseo de, por y para otro (Ideal del Yo), proponiendo en tal medida existir y hacer las cosas
para sí (no en sentido peyorativo). Sin implicar a otros en la realización de sus propios fantasmas (conseguir
una imagen omnipotente, por ejemplo) sino por el contrario, haciendo del proyecto mismo un espacio de
trascendencia y transformación social, abriendo un camino de progresos para la conciencia de los hombres.
En todas las funciones que cumple el símbolo se condensa la motivación del sujeto, quien persigue
su placer en el trabajo y que rebasa a la simple postura (que otros creen crucial) de "trabajar por dinero".
Se pone de relieve la Falta, que da cuenta de la escisión psíquica del sujeto, y que gracias a ella
existimos y somos capaces de sostener un proyecto, de tender al placer, a la satisfacción, ("no toda" por
supuesto, porque ello implicaría, la falta de la falta, y esta nos coloca en el terreno de la angustia, de la
muerte del deseo y en consecuencia, a la muerte del sujeto).
En la empresa, no se trata entonces de extinguir el deseo, dice Pierre Bruneau: "...el empleado que
siente también él la amenaza de la extinción de su deseo a causa del olvido y del no reconocimiento de lo
que él es, la falta de respeto por su dignidad, mueve montañas de huelgas, de ausentismo, de cambios, de
reinvindicaciones salariales, de retención de informaciones, etc.." 12
La empresa debe cumplir dos condiciones: Mantenerse como símbolo y con ello el deseo del
sujeto13 .
Asimismo plantea que en la empresa se suceden dos procesos, el de la cultura y el de la acultura
cuyos contenidos están dados por lo manifiesto y lo latente respectivamente.
El autor no olvida, el difícil lugar de los directivos a los cuales les propone adjudicarse la función de
mediación regida por la escucha, por el ceder la palabra antes de tomarla, delegando así, las estrategias de
solución de los conflictos, a los sujetos involucrados en el proceso productivo o de servicios y no a externos.
Y contrariamente a como se puede pensar, el que toma la palabra en esta mediación no es el jefe o
directivo, sino, un tercero que posibilita a los dos (jefe y subalterno) trabajar sus respectivos imaginarios
jugados en la realidad de la empresa.
Pone de relieve también dos acepciones de poder: Una que defiende el reino de la imagen
idealizada, que lucha por mantener la unidad del yo; y la otra que defiende la unidad del imperio (la
empresa) a manera de las religiones.
Auxiliándose del análisis de dos casos, Bruneau hace una extraordinaria intervención en el discurso
de un sujeto, cuyo análisis pone de relieve situaciones a las que cotidianamente se enfrentan las personas en
la empresa. Así, ejemplifica la herida narcisista que se opera al "congelar" a una persona capaz, que
confiada de su capacidad, cree tener todas las respuestas. Es en estos casos necesario, afirma, pasar de lo
imaginario a lo simbólico: De "responder todas las preguntas" colocándose en el grandioso lugar del saber, a
"facilitar y promover que otros descubran las respuestas", esto de ninguna manera es una receta, es sólo la
tentativa de solución al conflicto en la empresa. No sin antes haber permitido al sujeto comprender la
configuración de su historia personal, que nos permite discernir lo que es su ingreso a lo simbólico14, lo que Bruneau señala como tomar distancia de las expectativas
de los otros respecto de nuestra persona.
Mediar, dice, permite una superación de los fantasmas individuales, ser capaz de tomar una
posición distinta: En vez del menosprecio por el error de los otros, otorgarles su derecho al equívoco.
La mediación fracasa si el sujeto insiste en perseguir una imagen ideal (en ser para otros y no existir
para sí) o si se estanca en lo imaginario (en sus vicios narcisistas) pervirtiendo los objetivos reales de la
empresa.
Sigue así la propuesta freudiana, recordar y reelaborar para no repetir las vivencias infantiles
(importando actitudes diversas de quien lo sometió a ideales). Es necesario pasar por análisis el deseo
mismo de tener o sostener una posición en la empresa. Enfrentarlo a sus ideales, falaces, ilusorios,
permitiéndole un desempeño más real en su trabajo.
El lector puede pensar que Bruneau está proponiendo que el jefe de empresa deje de serlo, no es así,
lo propone como un representante de la ley que sostiene la vida de la empresa; el debe tener un lugar que
dista mucho de ser el centro de la atención de los trabajadores, o el padre protector, o el perverso capataz
que somete mejor, etc. Lo coloca en un lugar de esencia más que de presencia. Sólo si es capaz de tolerarlo
y de escuchar podrá enfrentar el miedo a crecer.
Capítulo 4. Transmitir la Empresa.
En esta parte el autor trastoca otro tema que con frecuencia es vivido como una situación difícil
para un directivo: La transmisión de su empresa, no sólo por cuanto se refiere a la transferencia o la
sucesión de su puesto, sino por cuanto él es capaz de interesar en la empresa a los trabajadores integrantes de
ésta. Es frecuente confundir a la empresa consigo mismo, también considerarla como una hija y adjudicarse
el papel de "padre omnipotente" que no puede ser sustituido (y en caso de admitir la sucesión se exigirá un
ideal, pero no un administrador ideal factible de encontrarse en la realidad, sino un ideal psíquico, un ideal
del yo), se retrasa entonces, año tras año, la sucesión de la empresa y los que la conforman no tardarán en
manifestar síntomas que si se ignoran serán difíciles de extirpar posteriormente. Es indispensable, aprender
a abandonar la empresa, dejar de creer que habrá un sucesor ideal (encarnación del propio Yo Ideal), "tomar
distancia" de los imaginarios, y de sus fantasmas, que no sólo afectan las relaciones interpersonales con sus
trabajadores, sino que juegan un papel importante en la toma de decisiones y proyectos de la empresa, que
pueden perseguir un ideal narcisista, en vez de cumplir sus objetivos reales.
Abandonar el "yo ideal", "matar al padre simbólicamente" o "acceder a la castración simbolígena",
es crecer, no estar ya bajo la ilusión de que somos o podemos ser poderosos y/o completos, y por lo tanto
indispensables en la empresa. Así, escuchar lo que los otros pueden decir antes de determinar lo que se tiene
que hacer, es una posición que no sólo da pauta al crecimiento propio, sino también al de otros. Respetar la
capacidad de opinar y retomar las opiniones, es trabajar en equipo, comprometiendo a las personas en lo que
hacen (por el hecho de re-conocerlos, de mirarlos y devolverles su lugar como sujetos deseantes, dándoles la
oportunidad también de tomar distancia de las consignas del jefe.
Jean-Pierre Bruneau nos lleva a tres historias de trasnmisión, todas ellas colocan al directivo entre
la vida y la muerte, en los duelos que encarnan las sucesiones. Dos de ellas ejemplifican el temor a la
transmisión y las angustias consecuentes.
En la otra nos propone que después de la transmisión, es necesario hacerse un lugar en la empresa,
distinto al de ser su dirigente: El de fundador, que cumpla las veces de memoria, de lo
que persigue como objetivo, la creación, delegando un lugar igualmente digno al que la creó y la transfirió.
El lugar debe de perpetuarse como "Nombre del Padre", testimonio de la creación. Esto sólo es
posible gracias al tercero (mediador) que en uno de los casos ejemplificados distó de tener una formación
psicoanalítica.
Capítulo 5. Un psicoanalista para hacer qué?
En este breve capítulo el autor aborda la necesidad de que el psicoanalista respete su lugar y
promueva el trabajo del análisis,
en lugar de convertirse en un asesor empresarial.
El psicoanalista recibe la demanda individual o institucional, cuidando de no trabajarlas al mismo
tiempo. Señala el encuadre de las sesiones respetando el contexto empresarial en el que se encuentra. Su
trabajo se alejará del de dar diagnósticos, consejos prácticos o asesorías.
Como se puede vislumbrar, el psicoanalista no puede ahorrarse el promover el análisis de los
proyectos personales de cada sujeto, navegando en la angustia necesaria para la profundización de estos,
obligado además a respetar las resistencias de los involucrados, convirtiéndose en su soporte.
Para finalizar, pone énfasis en la ética del psicoanalista quien no lo es por título o
autonombramiento, sino por demanda de un otro que le supone un saber sobre sí, en este caso diríamos que
sobre su empresa.
Comentario.
La teoría y la técnica psicoanalítica, llevada al ámbito empresarial, permite comprender las
relaciones que se establecen en el trabajo a partir del análisis del proyecto personal de cada sujeto. Y dista
mucho de cumplir con una función de asesoría gerencial. Nos acerca a la dimensión de lo subjetivo.
Bruneau nos ofrece una obra que con un lenguaje claro muestra las posibilidades de la aplicación del
psicoanálisis, en un ámbito diferente al del diván, no como profilaxis de adaptación, sino como
conocimiento de los procesos psicosociales que se dan en la empresa, especialmente de los fenómenos
inconscientes que subyacen en la cotidianeidad laboral.
Si bien el autor sugiere la intervención en la empresa, no vislumbra una metodología para hacerlo.
Una alternativa a esta carencia la representan los Grupos de Formación Psicoanalíticamente Orientados
que el Mtro. Raúl Anzaldúa Arce, docente de la Universidad Pedagógica Nacional impulsó, en el
ámbito educativo, desde el año de 1991, y que marca el precedente de la investigación: "La técnica
psicoanalítica y su incidencia en la empresa. Una tópica lacaniana". En este trabajo de investigación se
ha construido un modelo de intervención grupal, para incidir en dos niveles principalmente: El nivel
formativo de profesionales en la gestión y el nivel del análisis de las situaciones de difícil manejo en la
práctica de la administración.
En el primer nivel se proponen seminarios de formación que permitan propiciar en el alumno el
análisis de sus propios imaginarios respecto a la carrera elegida, pasando por las imágenes relevantes
puestas en sus ideales (soportados en sujetos reales o imaginados) las vicisitudes que fantasea como
posibilidades en su gestión, induciendo así a la definición de una especialidad, de un área o de un trabajo,
apunta al descubrimiento de su estilo de mando y en ese sentido acercarlo a las posibilidades de acción y las
consecuencias del mismo.
En suma, se apunta a la formación, no aquella de la que dan cuenta las curriculas, sino de la que ha
permanecido acallada en aras de la objetividad por profesionales, maestros y alumnos.
En el segundo nivel, se apunta sobretodo a las posiciones subjetivas frente a situaciones de difícil
manejo durante la gestión, lo cual obliga al administrador a analizar su lugar en la empresa, su estilo de
mando, sus determinantes, sus relaciones de objeto: Con el poder, el dinero, el personal, la empresa, etc.
Se podría incluso pensar en un plano más, dirigido al personal docente que participa en la
formación de administradores, aquí la propuesta tendría que ver con las formas de dirección que transmiten
a través de su propio estilo de docencia, analizando sus propias creencias e identificaciones con los
administradores en gestión, sus deseos por ocupar un puesto directivo y sobre todo las relaciones que
establecen con los otros a partir de ese interés.
Es aquí donde encuentra su vinculación con la docencia la investigación La técnica
psicoanalítica y su incidencia en la empresa. Una tópica lacaniana, y a reserva de que se puedan
presentar resultados de estos seminarios en futuras ocasiones.
Notas
Beatríz Ramírez Grajeda
Profesora Investigadora de la UAM / Azcapotzalco
DCSH / Departamento de Administración